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Full text of "La socorrito : zarzuela en un acto, dividido en tres cuadros y un intermedio"

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Í0308 

ÁNGEL    CAAIVIAÑO 


Lá  SigiMTi 


* 


ZARZUELA 


EN  ÜS  ACTO,  DIÍIDIDO  EN  TRES  CUADROS:!  ÜN  INTERMEDIO 


MÜ8ICA  Dlí  LOS  MAESTROS 


CALLEJA  y  BARRERA 


■  Copyright,  by  Ángel  Caamaño,  1914 

SOCIEDAD  DE  AUTO.RES  ESPAÑOLES 
Calle  del  Pradoy  núm.  24 


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r^A   «SOOOJRRIJTO 


Esta  obra  es  propiedad  de  su  autor,  y  nadie  po- 
drá, sin  su  permiso,  reimprimirla  ni  representarla  en 
España  ni  en  los  países  con  los  cuales  se  hayan  cele- 
brado, ó  se  celebren  en  adelante,  tratados  IntemaciO' 
nales  de  propiedad  literaria. 

El  autor  se  reserva  el  derecho  de  traducción. 

Los  comisionados  y  representantes  de  la  Sociedad  de 
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duction  reserves  povj  tous  les  pays,  y  compris  la  Sué- 
de,  la  Norvége  et  la  HóUande, 

Qneda  hecho  el  depósito  que  marca  Is  Xej, 


LA  SOCORRITO 

ZARZUELA 

EN  UN  IGTO,  DiriDIDO  EN  TRES  CUADROS  !  UN  INTgRHEDIO 

LIBBO  D£ 

ÁNGEL     CAAMLAÑO 


tnüñca  de  loa  maestros 


CALLEJA  y  BARRERA 


«¡¡trenada  con  gran  éxito  en  el  TEiTRO  DE  NOVEDADES  de  Madrid,  el 
26  de  Enero  de  1914 


*- 


MADRID 

«.  VBLASOO,  lUP.,   UABQÜÉB  DS  8ANTA    AHA,   11   ZfOF. 

Teléfono  núynero  SSl 
1914- 


Digitized  by  the  Internet  Archive 

in  2011  with  funding  from 

University  of  North  Carolina  at  Chapel  Hill 


http://www.archive.org/details/lasocorrito 


REPARTO 


PERSONAJES  ARTISTAS 

SOCORRITO. Candelas  Riaza. 

í'ILOMENA María  Berri. 

ROSAURA (  ^,         ^.  , 

LA  LÓPEZ..,. i  I^^l^--^^  G«ó^- 

BEATRIZ Lucía  Barandiarán. 

LA  DIRECTORA Clotilde  Romero. 

LA  MARQUESA Luiea  Quirós. 

LA  INSPECTORA ,i  ,  ^.„ 

UNA  FIADORA !  ^""P"^  ^"^^'°'- 

ROSALÍA , )  AT    /    T>       j 

CORISTA  1.a !  María  Povedano. 

LA  MAMÁ  DE  LA  LÓPEZ Luisa  Opellón. 

DOÑA  RECAREDA Julia  Martín. 

UNA  FLORISTA Consuelo  Catalán. 

•CORISTA  2.a Angela  Esteban. 

ÍDEM  3  a Teresa  Soto. 

EL  PRIMER  ACTOR Antonio  García  Ibáfiez. 

ROMUALDO Arturo  Romero. 

EL  PIPITAÑA Vicente  Gómez, 

DON  JUSTO Enrique  Lorente. 

EL  VIZCONDE, 


EL  PROFESOR |  ^'<^^"«^  ^'''^'^' 

UN  ESPECTADOR )  -,,.    ^, 

EL  AVISADOR !  ^^^^^  ^^^'"°^- 

BASILIO Manuel  Alares. 

OALCERÁN Mariano  Toba. 

DON  LIBORIO Domingo  Gallo. 

REGÜLEZ Manuel  Cumbreras. 


608486 


LÜISIN j  .    ^  ,^ 

UxN  ABONADO (  ^^^^  Vega. 

EL  APÜNTAJjOR Joaquín  Gómez. 

CORISTA  1.0 Eduardo  Martín. 

ídem  2.0. Adolfo  Sánchez. 

EL  COTORRÓN Eugenio  del  Castillo. 

Colegialas,  coristas,  asistencias,  empleados,  curiosos,  etc. 


La  acción  en  Madrid. — Época  actual 


Derecha  é  izqaierda,  las  del  actor 


6^  ixü^a^^tk» .^i»- 


ACTO  ÚNICO 


CUADRO  PRIMERO 

Jardin  de  ua  colegio  de  señoritas.  Al  foro  verja  corrida,  y  en  el  cen- 
tro de  la  raisma  cancela  practicable.  Campaua  con  su  cadena  al 
exterior.  A  la  derecha  (ó  donde  más  convenga),  y  cerrando  con  los 
bastidores,  caseta  del  guarda-jardinero,  con  puerta  que  da  frente 
al  espectador,  ün  par  de   bancos  propios  de  jardin. 


ESCENA    PRIMERA 

SOCORRO,  ROSAURA,  FILOMENA,  BEATRIZ,  CORO  DE  COLEGIA- 
LAS y    ROMUALDO 

Todas  aparecen  en  corros,  y  cantan,  y  saltan,  y  bailan,    obligando  á 
hacer  otro  tanto  al  viejo 

Música 

Todas  Yo  no  sé  lo  que  tienen 

los  hombres,  mamá, 

|ayl  ¡ay!, 
los  hombree,  mamá, 
que  en  cuanto  veo  á  uno 
no  sé  qué  me  da, 

lay!  ¡ay!. 
no  sé  qué  me  da. 
Rom.  ¡Cuidado,  niñas! 

No  bailar  de  esa  manera. 


—  8  — 

Id  más  despacio, 

DO  os  vayáis  á  sofocar. 
Todas  Abuelito,  pobrecito, 

abuelito,  ven  aquí. 
Rom.  ¡Qué  niñas  más  revoltosasl 

¡Saltar  yo  no  puedo  así. 
Todas  Venga,  venga  usté,  abuelito, 

con  nosotras  á  jugar. 
Rom.  Yo  soy  ya  muy  viejecito, 

y  no  estoy  pa  juegos  ya. 

(lc  rodean  y  danzan  á  su   alrededor,    y    le  cbligau 
dar  algunas  vueltas.) 

¡Dejadme  ya! 
Todas  ¡Siga,  siga  usté  bailando! 

Rom.  ¡Por  caridad! 

¡Que  me  vais  á  reventar! 

(Gran  algazara.) 

Hablado 


ESCENA  II 

DICHOS;  la  INSPECTOKA   con  traje  de  religioiS 

Esta  señora  se  coloca  en  el  centro  de  la  escena;  hace  sonar  varias 
veces  una  campanilla  grande,  y  por  último  queda  inmóvil.  Las  Cole- 
gialas, formando  grupos,  se  burlan  de  la  Inspectora,  haciéndola  ges- 
tos y  muecas,  y  la  Inspectora,  mirando  á  uno  y  otro  lado  (sin  mo- 
ver más  que  la  cabeza),  convencida  de  que  no  la  hacen  caso,  vuelve 
•á  dar  otro  toque,  siempre  rígida  y  tiesa 


Soc.  ¡Vecinos!  ¡Anchura,  que  pasa  el  carro  de  la 

basura! 

Ins.  (sin  moverse  y  muy  grave.)    ¡Señorita  SoCOlTo!... 

¡Formalidad! 

Soc.  ¡Y  seriedad,  y  longanimidad!...  ¡Qué  barba- 

ridad! ¡Don  Tancredo  en  su  pedestal!  (Bur- 
lándose.) 

Todas  ¡Ja,  ja,  ja! 

Ins.  ¡Silencio,  y  adentro!  ¿O  no  se  han  enterado 

ustedes  de  que  ha  terminado  la  hora  del 
recreo? 

Soc  Es  que  se  nos  ha  parao  el  reló. 

Ins.  ¡Silencio,  y  adentro! 


—  9  — 


(Comienzan  á  desñlar  las  muchachas,  siempre  hacien- 
do signos  de  baria  á  la  Inspectora.) 

Soc  ¡Vayan,  vayan  pasando  las  sociasl 

(Hacen  mutis  todas,  menos   Socorro,   y  durante  él,  la 
orquesta  toca  pianiaimo.) 


ESCENA  III 

SOCORRO,  la   INSPECTOKA  y  ROMUALDO 

Ins.  ¿Cuándo  va  usted  á  aprender  á  tener  respe 

to  y  educación?  (Abandonando  la  rigidez  y  la  tie- 
sura.) 

Soc.  En  el  mismísimo  niomento  en  que  á  las  ra- 

nas las  brote  la  cabellera. 
Ins.  ¿Cómo  se  entiende? 

Soc.  (Bailando) 

¡Que  con  el  garrotín, 
que  con  el  gairotán! 
Ins.  (Escandalizada)  ¡Imposible,  imposible!   Lase- 

ñora  Directora  se  entenderá  con  usted.  (Es 
tas  hijas  del  arroyo,  son  insoportables.  ¡In- 
soportables!) (Mutis.) 

ESCENA  IV 

SOCORRO  y  ROMUALDO 

Soc,  ¡Muy  bonito!   Queme  quieres  mucho,  que 

soy  la  mar  de  simpática,  y  sin  echarme  un 
capote.  ¡Precioso! 

Rom.  .  ¿Y  pa  qué  más  que  lo  que  usté  la  ha  dicho? 
¡Rediez,  sí  tié  usté  labia  y  despachaeras! 

Soc.  ¿Pero  tú  has  visto  cosa  más  pesa  y  más  pel- 

ma que  estas  madrecitas,,  que  así  permita 
Dios  las  coja  un  tranvía? 

Rom.  No  me  diga  usté  ná,  señorita,  que  estoy  de- 

seando perderlas  de  vista.  ¡A.  mí  me  tien 
hasta  la  mesma  nuez! 

Soc.  ¡Pues  ándeme  usté  por  el  mundíbilis  con  la 

Directora! 

Rom,  ¡Güeña,  güeña  pájara  está! 

Soc  Más  valiera  que  se  ocupara   de  otras  cosas, 

en  lugar  de  encerrarse  tóos  los  días  lo  me- 


—  10  — 

nos  dos  horas  con  el  tío  ese  de  la  chistera^ 
pa  luego  decir  que  rezan  el  rosario...  ¡El  ro- 
sario!... ¡Piscis! 

KoM.  ¡Y  que  es  mucha  verdá,  y  que   ya   me   ha 

chocao  á  mí  eso! 

Soc,  ¡Y  á  too  el  que  no  se  chupe  el  deo  gordo» 

hombre! 

Rom.  y  como  yo  no  me  lo  chupo... 

Soc.  Ni  }'0...  Pero  vamos  á  otra  cosa. 

Rom.  a  lo  que  usté  quiera. 

Soc  ¿Tú  eres  castizo? 

Rom.  Yo  soy  de  cuatro  leguas  de  aquí. 

Soc.  ¿Que  si  es  la  chipén  que  me  estimas^  ó  too 

eso  es  guayabaV 

Rom.  ¡Más  verdá  que    nos  tenemos   que   morir! 

Miste.  Yo  no  sé  por  qué  será;  pero  en  cua- 
tro años  que  llevo  aquí,  he  conoció...  ¡qué 
sió  cuántas  señoritas  colegialas!  Güeno. 
Pues  denguna  me  ha  sío  tan  simpática 
como  usté. 

feoc.  (Dándole  la  mano  cou   gravedad    cómica.)    Grracias. 

Toma  lo  que  quieras,  y  oye  como  si  cantara 
el  Breva. 
Rom.  Prtncipie  usté. 

Soc,  (Después  de  cerciorarse  de  que  no  viene   nadie.)  Yo, 

antes  de  venir  aquí,  le  hablaba  á  un  gaehó- 
li,  guapo  él,  gracioso  él,  y  con  circustan- 
cias  él. 

Rom.  Amos.  Quié  icirse  que  tenía  usté   su  miaja 

de  novio. 

Soc.  ¡Ele!  ¡Eres  un  tío  adivinandol  Güeno.  Pues 

ese  gachóli  ha  estao  sin  saber  de  mí  ni  lin- 
da palabra,  porque  como  me  metieron  aquí 
á  la  fuerza  y  sin  decir  ná  á  nadie... 

Rom  .  ¡Claro! 

Soc.  Pues  ahora  resulta  de   que  ha  sabio  aonde 

estoy,  y  oye  qué  carta  más  superferolítica 
he  recibió. 

Rom.  ¡Venga,  venga,  queá  mí  me  gustan  mucho 

esas  cosas  de  uoviazgos!  (contentísimo.) 

Soc.  Voilá,  como  dice  la  tía  efca  que  nos  enseña 

la  lengua  de  Francia.  (Leyendo.)  «Chacha 
mia.» 

Rom,  ¡Uyl  ¡Su  chacha!  ¡Ja,  ja,  ja! 

Soc,  ¡A  ver  si  vamos  á  tomarlo  á  chufla!...  «Cha- 

cha mía:  Tú  no  sabes  la  rabia  de  un  ser  vi- 


—  11  - 

dor  al  saber  de  que  esos  tíos  que  potrejen  á 
los  pobres  te  haigan  roetío  en  ese  presidio. 
Me  lo  ha  contao  too  la  seña  Kestituta.  ¡Me- 
cachis,  y  cómo  se  conoce  que  yo  no  estaba 
allí  cuando  eeol> 

KoM.  ¡Probé!  |Y  aunque  hubiá  estao! 

Soc.  ¿Qué?  ¡Bueno,  bueno!  ¡Ese  se  pelea  con  su 

sombral 

Rom,  ¡Rediez! 

Soc.  ¡Gomo  te  lo  cuento!...  ¡Pues  de  abrigo  es  el 

niño!...  «Como  tengo  ia  mar  de  cosas  que 
contarte,  y  como  sé  que  andas  por  el  jar- 
dín, y  como  yo  no  puedo  estar  sin  mi  cha- 
cha, mañana  me  lies  ahí  de  cuerpo  pre- 
sente. Te  mando  mi  corazón  pintao,  pa  que 
veas  cómo  me  se  ha  quedao  dende  que  no 
te  ve  tu  Pipitaña.»  ¡Miá  qué  corazón! 

Rom.  ¡Sí  que  lo  tié  negro! 

Soc.  De  manera,  que  va  á  venir  y  que  necesita 

que  me  avises  enseguidita. 

Rom.  ¡Cá!  ¡Eso  sí  que   nol  M.e  puen  ver   las  ma- 

dres, y... 

Soc.  ¿A.h,  sí?  Pues   hemos   acabao   pa  siempre. 

¡Mal  hombre!    ¡Mal  corazón!   ¡Eso  mismol 

(Fingiéndose  afligidísima.) 

Rom.  (Después  de  una  pausa.)  ¡Ea!  ¡Que   no  sc  pouga 

usté  así,  jinojo!  Que  sea  lo  que  Dios  quiera, 
y  que  en  cuanti  que  vea  á  ese  gachóli,  que 
la  aviso  á  usté. 

Soc.  (Abrazándole )  ¡Ole  los  vicjecitos  cou  sarama- 

catruqui! 

Rom.  ¡Ná!  jQue  me  se  ha  metió  usté  aquí  adren- 

to, y  que  ahí  se  va  usté  á  estar  toa  la  vidal 

Soc.  Y  muy  á  gustito,  porque  ese  pecho  es  hon 

rao,  y  ese  corazón  de  oro,  y  yo  quiero  oir 
tóos  los  días  su  tipitín,  tipitón. 

Rom.  Con  su  premiso  voy  á  dar  una  vuelta  por  el 

huerto... 

Soc.  (Tomándole  por  un  brazo.)  ¡Ala,    ala!    Que    yo  te 

acompaño,  agüelito.  Así,  de  bracete. 
Rom.  ¡Con  ustéá  la  gloria! 

Soc.  (cantando.) 

Si  algún  día  tú  riñeras 
por  causa  mía  que  con  tu  gente... 
Rom.  ¡Ole,  ole! 

(Mutis  muy  animado.) 


—  12 


ESCENA  V 


La  DIRECTORA  (también  con  traje  religioso)  y  DON  JUSTO 


Justo 

DlR. 


JCSTO 
DiR. 

Justo 


DiR. 


Justo 

DiR. 

Justo 

DiR. 

Justo 

DiR. 


¿Pero  tan  incorregible  es? 
¡Completamente  incorregible!  Nos  contesta 
mal,  pervierte  á  sus  compañeras,  y  las  ense- 
ña unas  canciones  que  son  intolerables  por 
lo  atrevidas  é  indecentes. 
¿Y  qué  ha  pensado  usted? 
Avisar  á  sus  padres,  y  que  se  la  lleven. 
¡Si  no  tiene  á  nadiel  Recuerde  usted  que  la 
ingresamos  aquí  á  viva  fuerza,  recogida  en 
pleno  arroyo  por  indicaciones  de  personas 
devotísimas. 

Pues  aquí  no  puede  continuar.  Hoy  mismo 
he  interceptado  la  carta  que  va  usted  á  oir. 

(sacando  un  papel  y  leyendo.)  «  Ya  SabeS    lo    qUC 

te  tengo   dicho,  pichorrondona...  (interrum 

piéudose  y  mirando  escandalizada  á  don  Justo.)    ÍSO 

te  aguantes  por  ná.  Que  se  vayan  á  freír  es- 
párragos toas  esas  viejas  chulas...»  ¿Le  pare- 
ce á  usted  qué  insolencia?...  «viejas  chulas, 
y  si  se  ponen  pesas,  dala  á  una  una  upa.» 
¿Qué  será  una  upa? 
Nada  bueno,  seguramente. 
«Tú  no  te  achiques,  y  cuenta  á  toas  horas 
con  tu  Pipitaña.  >y 

Lo  mejor  será  interrogarla,  á  ver  si  con  ame- 
nazas... 

Creo  que  perderemos  el  tiempo.  Sin  embar- 
go, lo  intentaremos. 

¡Qué  almas  tan  empecatadas,  Señor!  (comen- 
tando con  la  Directora.) 
¡Calle  usted,  por  Dios!  (Mutis  derecha.) 


ESCENA  VI 


SOCORfíO,     Luego    FILOMENA,     ROSAURA, 
COLEGIALAS 


BEATRIZ    y    demás 


Soc.  ¡Gracias  á  Dios  que  se  van  ese  par  de  estan- 

dartes!... ¡üh,  sociólogas!...  ¡Aquí!... 


* 


—  lía  — 

(Salen  todas  á  la  indicación  de  Socorro,  que  las  llaman 
después  de  percatarse  de  que  han  desaparecido  la  Di- 
rectora y  don  Justo.) 

Beat.  ¿Pasa  algo? 

Soc.  Pasará,  por  que  ahora  que  se  han  ido  los  del 

pim,  pam,  pum,  os  voy  á  contar  la  mar  de 

cositas  güeñas. 
Todas  ¡Sí,  sil  [Cuenta,  cuenta! 

FiL.  Esto  va  á  ser  un  pecado  muy  grande. 

(Con  acento  y  aspecto  de  verdadera  inocente,  sin  tocar 
en  la  completa  memez.) 

Soc.  ¡Miá  esta  pagué  con  lo  que  sale! 

Beat.  ¡Pues  á  mí  me  gusta! 

Ros.  ¡Y  !l  mí! 

FiL.  ¡No,  no!  ¡Yo  no  quiero  oir  esas  cosas!  (sepa- 

rándose.) 

Soc.  ¡Pues  anda  y  que  te  ahorquen!  ¡Pues,  señor, 

bueno! 

Ros.  ¡Menuda  diferencia  entre  lo  que  Socorrito 

diga  y  la  lección  de  inglés! 

Soc.  ¡Y  que  lo  digp.s!  Sólo  por  no  ver  á  la  profeso- 

ra... ¡Vaya  calor!  Con  aquellos  andares,  como 
los  guardias...  (Andando  exageradamente.) 

Todas  ¡Ja,  ja,  ja! 

Soc.  Y  luego,  que  pa  hablarla  tiés  que  llevar  un 

manojo  de  cordilla  en  la  mano. 

Beat.  ¿Cordilla?  ¿Para  qué? 

Soc.  ]Pa  que  te  atienda,  so  tonla!  ¿No  ves  que  hay 

qne  llamarla  como  á  los  gatos?  ¡Mis,  mis  y 
mis!... 

FiL.  Se  lo  he  de  contar  todo  á  ia  señora  Di- 

rectora. 

Soc.  Y  yo  te  cojo  luego,  y  te  pinto  el  mapa-mun- 

di  en  la  jeta.  ¡So  calabacín!...  (Amenazándola  y 
pegándola.) 

FiL.  I A  y,  ay,  ay!  (suyendo.) 

Ros.  |Esa  tonta  nos  va  á  comprometer! 

Beat.  ¡Déjala  y  sij^amos  nosotras! 

Soc.  Venir-e  aquí,  á  este  lao!  (Derecha.)  Vamos  á 

ver.  Con  franqueza,  sin  coba  y  sin  tontería?» 

¿Quién  tié  novio? 
Beat.  ¡Yo 

Ros.  ¡Y  yo! 

Todas         ¡Y  yo! 

ÍGran  algazara.) 

Soc.  Vamos.  ¡Toe 


—  14  — 

Fih.  No.  Yo,  no. 

Soc.  ¡Clarol  ¿Quién  te  va  á  querer  á  ti,  alma  noia, 

si  te  paeces  á  la  tonta  del  bote? 

Ros.  Yo  hablo  con  un  estudiante." 

Soc.  ¡Pues  estás  arregla!   ¡Valientes  guajas  son! 

En  cuanto  te  descuides...  cerrao  por  reforma. 

Beat.  El  mío  es  cadete;  pero  ¡ay,  si  me  pretendie- 

ra un  vizconde! 

Soc.  ¡Gachó!  ¡No  eres  tú  nadie  pidiendo! 

Beat.  ¿No  te  gustaría  á  ti  un  vizconde? 

Soc.  ¿Pa  qué?  Con  que  sea  varón,  arreglaos. 

Ros.  Lo  que  debía  hacer  Dios,  era  casarnos  á  to- 

das en  un  mismo  dia,  y  pronto. 

Soc.  Hombre.  Eso  de  pronto...  Según.  Porque  pa 

tener  alifafes  en  seguida... 

Ros.  ¡O  no! 

Soc.  ¡Anda,  que  no!  ¡Pues  no  es  ná  lo  que  la  mu- 

jer se  echa  encima  al  casarse! ..  Que  cuidar 
la  casa...  Que  ahorrar...  Que  aviar  á  los  chi- 
cos... (utilizando  los  dedos.) 

Beat.  Eso,  á  la  que  se  los  dé  Dios. 

Soc.  ¡Sí,  sil  ¡Dios!...  Como  no  tengas  más  que  una 

cama  en  casa...  lya  verás! 

.Ros  \Oye,  Socorro!  ¿Y  aquello  que  nos  tenías  que 

decir  de  las  condiciones  que  deben  de  tener 
los  maridos? 

Soc,  ¡í^igo!  ¡Y  que  es  la  mar  de  interesante!  (Fi- 

lomena se  acerca  poco  á  poco.)  ¡Miá,  miá  doña 
Aldonza  cómo  viene  al  olor! 

FiL.  No.  No  es  para  oirte.  Es  porque...   porque... 

Soc.  Sí.  Porque...  ¡m'alegrito  de  verte  regularci- 

11a!  ¡Cámara  con  las  sosas,  que  paece  que  no 
han  roto  un  plato  en  toa  su  vida,  y  luego  te; 
dan  más  vueltas  que  un  tío  vivo! 

Ros.  ¡Vamos!  ¡Cuenta! 

ToDaS  ¡Si,  sí!  (Muy  animadas  é  impacientes.) 

Soc.  Pues  los  maridos,  pa  ser  buenos,  tién  que 

tener...  ¡seis  cosas! 

Beat.  ¿Seis?  ¡Ay,  cuántas! 

Soc.  ¡Anda,  que  por  mucho  trigo!...  Una  de  las 

cosas,  blanca.  Otra,  negra.  Una,  larga.  Otra, 
corta.  Una,  muy  delgadita,  y  otra,  muy  gor- 

dita.  (Cou  pausa  de  uua  á  otra  cosa,  y  con  aire  com- 
pletamente infantil.) 

FiL.  ¡Jesús,  María  y  José! 

Soc.  Mira...  ¡O  te  callas,  ó  te  sacudo  un  mampo- 


—  16  — 

rro  que  te  se  va  á  figurar  que  ha  dao  á  luz 
el  Nuncio! 

Ros.  ¡No  hagas  caso,  y  sigue! 

Soc.  |Pues  no  se  asusta  esa  de  poco!...  ¿Qué  creéis 

que  es  la  cosa  blanca?  Pues  es  la  cara.  ¿Y 
qué  pensáis  que  es  la  cosa  negra?  Pues  ná 
más  que  los  ojos.  ¿La  delgada?  El  cuello. 
¿La  gorda?... 

Todas  ¿Qué?  Qjé? 

Soc.  La  cosa  gorda  es  el  pecho.  La  corta,  la  mano, 

que  hay  gachos  que  paecen  unos  zorros  sa- 
cudiendo. 

Ros.  Falta  la  larga,  (con  rubor  picaro  y  tras  una  pausa.) 

Beat.  ¿Qué  es?  j .  .    ..  .  \ 

m  of      'I  5  (Gran  curiosidad. ) 

Todas  |Sí,  sil        ^  ' 

Soc.  ¿Veis?  Ya  estáis  pensando  la  mar  y  los  pe- 

ces, ¡''amará  con  las  inocentes! 

Ros.  ¿Pero  qué  es  la  cosa  larga? 

Soc.  ¡La  bolsa,  s^^ñor,  la  bolsa,  pa  que  pueda  una 

tirar  cinco  duros  en  una  juerga  si  á  mano 
viene! 

Beat.  ¡Muy  bien! 

Ros.  ¡Muy  bonito! 


ESCENA  VII 

DICHAS,  la  DIRECTOSA  y  DON   JUSTO 
DiR.  Señoritas.    Al  rosario...    (Empiezan  todas  á  hacer 

mutis.)  ¡Quédese  usted,  señorita  Socorro!  (Mu- 
tis todas  las  Colegialas.) 

Soc.  (¡Vaya!  ¡Que  te  la  has  ganaol) 

Justo  Acabo  de  saber  que  su  conducta  deja  bas- 

tante que  desear  en  esta  santa  casa,  y  es 
necesario  que  usted  manifieste  si  piensa  en 
mendarse  ó  no. 

Soc.  Bueno;  pero  pa  que  yo  me  entere,  ¿quién  es 

usté? 

DiR.  ¡Qué  insolencia! 

.Justo  El  {'residente  de  la  Asociación  de  Caridad. 

Y  de  la  misóla  manera  que  todo  lleno  de 
bondad  traje  á,  usted  á  este  santo  pstableci- 
miento,  así  la  expulsaré  del  mismo.  Es  mi 
primer  aviso. 

Soc.  ¡Cámara!  ¡Como  á  los  toreros! 


—  16  — 


Justo 


DiR. 

Soc. 

Jdsto 

Soc. 

DiR. 

Soc. 


DiR. 

Justo 

Soc. 

DiR. 

Soc. 

Justo 

Soc. 


Justo 


Soc. 


DiR. 

Soc. 


Justo 


Diga,  pues:  ^.cambiará  de  modo  de  pensar, 
ó  persistirá  en  sus  desvarios?  (pansa.  socorro 

no  hace  caso.) 

¡Conteste  usted! 

Pero,  bueno:  ¿á  quién  contesto?  ¿A  usté,  6 

al  concejal  de  tanda? 

Es  igual, 

Pero,  señor;  po  sea  usté  gilí! 

¡Niñal  (Escandalizada.) 

¿Qué  tiene  de  particular  que  una  cante 
aquello  de 

ven,  Mimí, 

ven,  Mimí, 

ven?... 
Pero,  ¿á  quién  ha  oído  usted  eso? 

(con    naturalidad    y    alegría.)    A    la    Fornarina. 

(Asustado  )  ¡Digo!...  ¡Dios  Sabe  á  quién! 

No;  pues  usté  lo  ba  oído  antes  de  ahora,  jga- 

chólii  (celebrándolo  con  detalles  de  picardía.) 

¡Conteste  usted,  y  calle! 
Si  callo,  no  contesto. 
Hable  usted. 

Pues  digo,  que  puá  ser  que  con  el  tiempo 
sea  lo  que  ustés  quieren;  pero  en  el  ínter, 
yo  soy  del  pueblo,  y  hablo  como  el  pueblo, 
y  canto  como  el  pueblo,  y  lo  hago  too  como 
el  pueblo.  ¡Y  San  Serenín  del  Monte,  que 
too  lo  demás,  pa  el  gato!  (Haciendo  un  des- 
plante.j 

Corresponde  usted  muy  mal  á  los  cuidados 
que  por  usted  se  toman  almas  generosas. 
¿Qué  sería  de  usted  de  no  haberla  recogido? 
¡Toma!  Que  sería  libre  como  el  aire,  y  vola- 
ría como  los  pájaros.  Que  entoavía  correría 
por  las  calles  sin  que  nadie  me  mandase... 
y  que  ahora  que  me  acuerdo,  no  sé  con  qué 
derecho  me  han  metió  aquí  á  la  fuerza.  ¿Es 
usté  mi  padre,  por  un  si  es  caso?  ¿Es  usté 
mi  madre  pa  mandar  en  mí,  señora? 
¡Su  padre!...  ¡Su  madre!...  ¡Infeliz!... 
(Grave  y  triste)  En  eso  SÍ  quc  tié  usté  razón. 
¡Porque  ni  padre...  ni  madre!...  Me  recogió 
una  pobre  mujer,  y...  ¡no  sé  más!...  ¡no  sé 
más!...  ¡Madre  mía!...  (Muy  afligida.) 
(Hay  sentimiento  en  ella...  ¡Aún  se  puede 
conseguir  algo!) 


Soc 


Justo 
Soc. 

DiR. 

Justo 


Soc. 

DiR. 

Soc. 
Justo 

DiR. 

Soc. 


(serenándose  á  medias.)  Y  aguárdese  USté,  nO  Sea 

que  mi  padre  y  mi  madre  estén  metíos  en- 
tre ustés... 

¿Cómo?  (Escandalizado.) 

Sí.  Porque  hay  ca  señora  y  ca  cabalUero  por 
ahí,  ¡que  me  río  yo  de  los  matacandiles! 
¡Tenga  usted  más  respeto! 
Resumiendo.  Yo  confío  en  que  usted  se  en- 
mendará, ó  se  le  dará  el  segundo  aviso,  y 
luego... 
Sí.  ¡A.J  corral! 

¡A  la  calle!  (May  enérgica.) 

¡Angela  María,  y  ojalá  fuese  mañana! 

Lo  dicho.  (Echando  á  andar.) 

¡Incorregible!  (ídem.) 

(Gritándoles.)  ¡Vayan  ustés  con  Dios!   ¡Y  que 

ustés  se  alivien!  ¡Y  espresiones  de  mi  gorra! 

(Esto  último  muy  gritado,  después  del  mutis.) 


ESCENA  VIÍI 

SOCORRO.  Después  PIPITAÑA  y  ROMUALDO 

Soc.  ¡Que  no,  que  no,  y  que  no!  Que  de  aquí  me 

fugo  yo,  ó  salimos  en  Los  Sucesos. 

PiP.  (Apareciendo  en  la  verja.)   ¡Chist!  ¡SoCOrílto!... 

Soc.  ¡Tú!  ¡El  Pipitaña! 

IvOM.  (SaJiendo  á  tiempo  para  oir  la   exclamación    de    Soco- 

rro.) ¡El  gachóli! 


Pip. 


Soc. 


Música   (1) 

(Romualdo    mira    por   todas  partes,    cerciorándose  de 
que  no  viene  nadie,  abre   la    verja   y   hace  mutis    por 
la  izquierda.  Por  allí  sale  en  el  momento  que  se  indi- 
cará, y  ya  queda  en  escena.) 
(Saliendo.) 

¡Al  fin  te  he  encontrao! 
¡Bendito  sea  Dios! 
¡Al  fin  nos  miramos 
cerquita  los  do?! 


(l)      La  letra  aquí  puesta  es  la  que  cantarán  los   artistas,  aunque 
haya  otra  en  la  partitura. 


-   18   - 

Pip.  ¡Ay,  gachona  mía, 

y  cuánto  he  pasao! 
Soc.  ¡Ay,  cuánto,  gachóli, 

de  ti  me  he  acordao! 
Pip.  Como  aquí  no  puedo  estar 

porque  nos  pudieran  ver, 
tú  me  debes  indicar 
lo  que  debemos  hacer. 
Sin  ti  no  vivo, 
ni  tú  sin  mi, 
y  es  imposible 
seguir  así. 
Conque,  k'^ocorro, 
tú  me  dirás 
qué  es  lo  que  piensas, 
qué  es  lo  que  harás. 
Soc.  Yo  de  día  y  de  noche 

por  ti  suspiro, 
y  si  aquí  sigo  mucho 
me  pego  un  tiro. 
Pip.  Algo  hay  que  hacer. 

Soc.  De  aquí  hay  que  huir, 

porque  sin  ti  no  vivo. 
Pip.  Ni  yo  sin  tí. 

Soc.  ¡Por  mí  todo  el  asunto 

está  arreglao! 
Pip        *  ¡Ya  está  arreglao! 

Süc.  Tú  vienes  cualquier  día 

bien  preparao 
Pip.  ¡Ya  está  pensao! 

Y  sin  tardar 
salimos  andandito 
sin  rechistar. 

(Asuma  Romualdo,  que  les  chista  indicancio  que  vieno 
alguien.) 
Soc.  Creo  que  viene  gente. 

¡Anda!  ¡Márchate! 

PiP.  (indicando  el  mutis.) 

En  cuanto  que  me  llames 
acudiré.  " 

¡Adiós,  gachona! 
Soc.  ¡No  seas  pesao! 

Pip.  ¡Adiós,  chulona! 

Soc.  ¡Adiós,  salao! 

Pip.  Yo  lo  tengo  tó  arreglao 

y  meditao. 


—  19  — 

Soc,  ¡Ves  con  cuidao! 

Los  DOS  ¡Ya  estamos  del  otro  lao! 

(Mutis  Pipitaña,  y    Socorro   baja  al  proscenio.    Se  oye 
dentro  un  toque  de  campana.) 


ESCENA  IX 

fiOCORRO,  ROMUALDO,    LA  DIRECTORA,    que  sale   en  seguida  de 
oirse  el  toque 

Hablado 

I)iR.  Señorita:  la  campana  llama.  ¡Al  comedor! 

Sjc.  Ya  lo  sé;  pero  como  servidorita  no  tié  ni 

gana   de  abrir  la  boca...  (Atisbando  hacia  la 

verja.) 

DiR.  No  importa.  Del  comedor  no  puede  faltar 

nadie. 
S  )c.  ¡También  le  digo  á  usté  que  eso  de  tener 

que  jamar  por  fuerza...!  Luego  me  da  un 

cólico,  y  ¡las  malillas! 
DiR.  ¡No  replique  usted! 

Í50C.  (Echando  á  andar,  renegando.)  ¡Maldita  Sea...I 

DiR.  ¿Qué  modos  son  esos? 

Soc.  ¡Los  que  me  da  la  gana!  ¡Eso  mismo!  (Mano- 

teando.)  ¡Permití  Dios  que  haiga  terremoto, 
y  nos  haga  cisco  á  tóos!  (Mutis.) 

DiR.  ¡Jesús,  Jesús  y  Jesús!  (ídem.) 


ESCENA  X 

ROMUALDO,  LA  MARQUESA.  EL  VIZCONDE,  PIPITAÑA 

Rom.  i  Rediez  si  tié  genio  la  moza  ..!  ¡Y  razón,  ji- 

nojo!  ¡Misté  que  ahora  que  iba  á  hablar  con 
su  gachóli,..!  ¿Qué  deseaban  ustés?  (a  la  Mar- 
quesa y  al  Vizconde  que,  haciendo  sonar  la  campana, 
aparecen  en  la  verja  sosteniendo  á  Pipitaña,  el  cual 
finge  estar  como  extenuado.) 

Maro..  Avise  á  la  señora  Directora  que  está  aquí  la 

Marquesa  de  Montenuño,  madre  de  la  seño- 
rita Filomena. 

Rom.  ¡En9egnía...¡  ¡Pero,  pasen  ustés!  (Franqueando 

la  entrada.) 


^  20  -w 

Vizc.  Al  mismo  tiempo,  diga  que  este  pobre  mu- 

chacho necesita  pronto  auxilio.  Lo  hemos- 
encontrado  medio  desfallecido. 

Rom.  ¡Enseguía,  enseguía...!  (¡Rediezl  ¡Y  cómo  so- 

las habuscao  el  gachólil)  (Mutis.) 


ESCENA  XI 

DICHOS;  menos    ROMUALDO 

Vizc.  ¿Se  le  pasa? 

Pip.  Sí,   señor.  Ná  más  de  haber  entrao  aquí,. 

paece  que  soy  otro. 
Maro..  Ahora  le  proporcionarán  socorro. 

Pir.  ¡Eso,  eso  del  socorro  es  lo  que  á  mí  me  hace 

falta! 

ESCENA  XII 

DICHOS,  LA  DIRECTORA,    ROMUALDO 

DiR,  ¡Señora  Marquesa! 

Marcí.  ¡Amiga  mía...!  (se  saludan  y  besan.)  El  Vizcon- 

de de  Rompientes,  prometido  de  Filomena. 

(Se  saludan  con  una  reverencia.  Rornualdo  y  Pipitaña 
hablan  animadamente   cuando  no  se  fijan  en  ellos.) 

DiR.  ¿De  modo  que  vienen  por  ella? 

Maro..  Sí.  Para  casarla. 

DiR.  ¡Qué  pena!  ¡Tanto  como  aquí  la  queremos! 

Vizc.  No  la  querré  yo  menos,  señora. 

Rom.  ¡Con  premiso...!  Este  muchacho... 

Maro..  ¡Es  verdad,  que  nos  olvidábamos...!  Cuando 

nos  aproximamo,'-:  á  la  verja,  le  hallamos  me- 
dio desvanecido. 

DiR.  ¿Qué  le  sucede,  joven? 

Pip.  No  sé...  Una  cosa  mu  rara. 

Rom.  ¡Pa  mí  que  es  hambre! 

DiR.  Pues  en  seguida   mandaré  que    le  traigan 

una  buena  taza  de  caldo.  ¡Que  espere  en  la 
caseta  de  usted,  Romualdo! 

Rom.  ¡Está  mú  bien! 

DiR.  ¿Vamos? 

MaRQ,  Vamos.  (Mutis  los  tres.) 


—  21  — 

ESCENA  Xin 

ROMUALDO,    PIPITAÑA 

Pip.  ¡Ole,  ole  y  ole!  ¡Vaya  un  camelo  bien  daol 

(Con  gran  alegría  y  brincando,) 

Rom.  ¡Cómo  se  lo  han  creío!  ¡Y  yo  también  al 

prencipio,  jinojo!  ¡Buen  gurrión  estás! 

Pip.  [Es  que  la  quiero  más  que  á  nadie,  señor,  y 

quitármela...  vamos,  es  como  si  me  quitaran 
la  cabeza! 

ESCENA  XIV 

DICHOS,     SOCORRO 

Soc.  i  A  veri  ¿Aonde  está  ese  enfermo?  (conduciendo 

taza  y  plato.) 

Pip.  ¡Socorrí to!  ¿Tú? 

Soc.  ¡Natural!  ¿O  crees   que  tú  solo  tiés  golpes? 

Y...  oye:  que  has  estao,  pero  que  muy  güe- 

no.  ¡Anda,  tómate  el  caldo! 
Pip.  y  que  no  te  creas  que  viene  mal. 

Rom.  ]E1  demonio  tié  cara  de  conejo!  ¿Qué  ha 

hecho  listé  pa  venir  usté  mesmamente? 
Soc.  Pues  que  se  lo  oí  decir  á  la  Directora;  que 

me  calé  que  el   moribundo  era  este  guripa, 

y  que  dije- — ¡Pobrecillo...!  ¡Yo,  yo  le  llevaré 

el  caldo! 
Pip.  ¿Y  qué  dijieron  ellos? 

Soc.  ¡La  mar  de  cosas  ponderándome!  Y  el  viejo 

dijo: — ¿Ve  usté  como  tiene  buen  fondo? — 

¡Y  se  quedó  tan  fresco! 
Rom.  Güeno  Que  voy  á  acabar  de  regar  el  huerto. 

Conque,  ¡á  ver  si  semos  formales! 
Pip.  ¡Descuide  usté!  ¡Pa  mí,  ésta  es  la  Santisma 

Virgen  del  Carmen! 
Soc.  ¡Vaya  con  Dios  el  viejecito  más  simpático 

del  mundo!  ¡Ole  los  agüelitos  con  circustan- 

Cias'  (Ambos  le  acompañan  alegremente.) 


s-  23  — 

ESCENA  XV     ' 

SOCORRO,    PIPITAÑA 

Pip.  Paece  güeno  ese  hombre. 

¡Soc.  jUn  peazo  de  pan...l  Pero,  vamonos  pa  den- 

tro, no  vayan  á  venir,  y  cuéntame  algo.  (En- 
tran en  la  caseta.) 

Pip.  ¡La  mar  de  cosas,  chica,  dende  que  no  te^ 

vemos  el  pelo!  Celipe,  el  de  la  Bisoja,  se  ha 
muerto. 

Soc.  ¡Pobre  Celipe!  ¿Y  de  qué? 

Pip.  Del  mal  de  piedra. 

Soc.  ¿Y  qué  es  eso? 

Pip.  Pues  que  le  arrearon  un  cascotazo  en  la  pe- 

drea, y  cadavérico. 

Soc.  ¿Y  la  seña  Restituta? 

Pip.  Ella  fué  la  que  me  dijo  lo  del  colegio. 

Soc.  Pero,  ¿cómo  está? 

Pip.  Pues    bien;  pero  mu   triste,  porque  no  se 

apaña  sola.  Que  se  alegia  porque  no  te  fal- 
tará ná;  pero  que...  ¡vamos!  ¡Que  no  se 
encuentra  sin  que  estés  á  su  lao! 

Soc.  ¡Otra!  ¡Pues  que  venga  á  por  mí! 

Pip.  ¡Eso  la  dije  yo!...  Y,  oyes:  ¿sabes  que  te  sien- 

tan mu  bien  estos  atavio;^? 

Soc.  Sí,  si;  pero  á  mí  me  gustaban  más  mis  tra- 

pitos... 

Pip.  Y  estar  como  antes,  ¿verdá? 

Soc.  ¡Y  que  lo  digasl  Aquí  no  se  pué  vivir  más 

que  por  la  mantención.  ¡Chico!  ¡Qué  cocinal 

ESCENA   XVI 

DICHOS,  LA  MARQUESA,  LA  DIRECTORA,  FILOMENA,   DOií  JUS- 
TO, EL  VIZCONDE  y  RuM CALDO 

DiR.  (Besando  á  Filomena,)  ¡Adios,  hija  mía!  ¡DioS  te 

haga  tan  dichosa  como  tú  te  mereces!  (Filo- 
mena la  besa.) 

íMarq.  Adiós,  señora.  Voy  agradecidísima. 

FiL.  ¿Y  Socorro?  Me  he  despedido  de  todas;  pero- 

de  ella  no. 


—  23  — 


DiR. 

Justo 

Mar. 

Justo 

Soc. 

Pip. 

Soc. 

Pip. 

Justo 

Viz. 

DiR. 

Soc. 
Rom. 
Justo 

Soc. 


Pip. 

Soc. 
Makq. 

Soc. 

Pip. 

DiR. 

Soc. 
Pip. 

Justo 

Soc. 

PiP. 
Marq. 

DiR. 

Rom. 


[Y  es  verdad!  [Que  no  volvió!  (oon  justo,  cerca 

de  la  caseta,  oye  hablar  á  los  otros.) 

¡Silencio! 
¿Qué?  _ 

¡Silencio!  (Todos  escuchan.) 

¡Cuando  tú  quieras! 

¡Pues  pa  luego  es  tarde!   La  seña  Restituía 
nos  amparara,  y  yo  trabajaré  pa  los  tres. 
¡Ole  los  hombres! 
¡Y  viva  la  liberta! 

¡Insolentes,  atrevidos!  ¡Salgan  ustedes  inme- 
diatamente! 
¡Qué  escáudalo! 
Ahora  mismo...  ¡ti'uera  de  aquí! 

¡Pero  si  es  que!...  (Salleudo  atemorizados.) 

(¡Mecachis,  que  me  los  han  pescao!) 
¡Fuera! 

¡Bueno,  hombre,   bueno!   (Rehaciéndose.)    Ya 
nos  vamos  afuera,  aonde  haiga  aire  puro, 
aonde  está  lo  que  es  de  todos.  ¡La  liberta! 
¡Y  cuidaíto  con  tocarla  á  ésta  lo  que  se  dice 
ni  al  pelo  de  la  ropa! 
¡Agüeca,  ninchi! 

¿No  advierte  usted,  de.-graciada,  la  diferen- 
cia? Mi  liija  sale  contenta...  Va  á  casarse... 
Y  yo  también  salgo...   No  sé  pa  qué;  pero 
contenta  como  esa... 
¡Y  Dios  dirá! 

¡Abra  usted.,  Romualdo!  (Abre,  y    salen    socorro 
y  Pipitaña.) 

Vaya.  ¡Hatta  el  valle  de  la  Josefa! 

¡Y  muchas  gracias  por  el  caldo!  (Esto  lo  dicen 

ya  á  través  de  la  verja.) 

¡Aún  es  tiempol  Aquí  deja  usted  cariños, 
cuidados,  comodidades... 
¡Pa  el  gato!  Nececiio  aire...  Necesito  liberta... 
¡Adiós,  agüelo! 

¡De  verano!  (Desaparecen.) 
¡Infeliz!  (Enjugándose  el  llanto.) 

[Desgraciada!...  (ídem.) 

¡Maldita  sea!...  ¡Ahora  que  yo  los  había   to- 

mao  cariño!... 


—  24  — 


CUADRO   SEGUNDO 

Salón  de  ensayos  en  un  teatro.  Bancos  diseminados  por  la  escena. 
Piano  en  un  ángulo.  Servicio  de  café  sobre  el  piano.  Unos  senta- 
dos, otros  en  pie,  coro  general  vestido  como  para  representar  «La 
alegría  de  la  huerta.»  Algunas  de  ellas  haciendo  ganchillo.  Algu- 
nos de  ellos  leyendo.  Vatics  repartiéndose  el  cnfé.  Varios  y  varias 
conversando,  y  otros  y  otras  entrando  ó  saliendo  para  que  no  falte 
animación  y  movimiento;  pero  sin  armar  lío  ni  barullo. 


ESCENA  PRIMERA 

CORO  GENERA.  EL  AVISADOR.  Este  aparece  con  la  tablilla  de  en- 
sayos, y  antes  de  colgarla  la  lee  en  voz  alta 

Avis.  ¡La  tablilla,  pollos!  ¡Oído! 

Cor  1.'^  ¡Venga  de  ahí!  (Le  rodean  todos.) 

Avis.  (Leyendo.)  A  la  Una.  Coro  general,  al  piano. 

Cor  1.0  ¿A.  la  una?  ¡Así!  ¡Tempranito!  ¡Permita  Dios 
revienten! 

Avis.  A  las  dos.  Coro  general,  con  orquesta. 

Cor  1.a  ¿También  á  las  dos?  ¡Cámara!  ¡Ni  que  fué- 
ramos de  piedra! 

Avis.  A  las  tres.  Partes  y  coro. 

Cor  2.0  ¡Arrea! 

Avis.  A  las  cuatro.  Coro  sin  partes. 

Cor  i.*'  ¡Qué  burrada! 

Avis.  A  las  cinco.  Nómina. 

Todos  ¡Ah!  ¡Ya!  Eso  es  ponerse  en  razón.  Eso    es 

otra  cosa.  (e1  Avisador  cuelga  la  tablilla  y  váse.) 


ESCENA  II 

DICHOS  menos  AVISADOR.  BASILIO 
BaS.  (Recogiendo  el  servicio.)  ¿De  quién  eS  estO? 

Cor  2.0         Mío.  Apúntalo  en  la  cuenta. 
Bas.  No  pué  ser.  Son  ya  muchos  apuntes  y  mu- 

cha cuenta. 
Cor  2.0        ¡Qué  barbaridad!  ¿Cuántos  cafés  te  debo? 
Bas.  ¡Trece! 


—   25   — 

Cos  2.^  ¡Pues  te  se  pagarán,  hombre,  te  se  pagaránl 
No  sabes  tú  lo  que  me  desvela  á  mi  tu 
cuenta. 

Bas.  ¡Claro!  Trece  cafés  desvelan  á  cualquiera. 

Cor  2.0  Además,  el  numerito  ese  tiene  mala  pata. 
Tráete  otro  café,  y  mañana  á  cobrar  los  ca- 
torce. (Mutis  Basilio.) 


ESCENA  III 

DICHOS  menos  BASILIO.  CORISTA  2.',  LUISIN,  DOÑA  RECAREDA 

Cor  2.a        (Que  sale  huyendo  con  el  pollo.)  ¡Corre,  que  viene 

mi  madre! 
LuisíN  ¡A-diós,  encanto!  Volveré,  (iiutís ) 

Rec.  ¡Oiga  usted,  títere! 

Cor  2.a        (conteniéndola.)  ¡Mamá!  ¡Por  Dios!... 
Rec.  ¡Lo  malo!...  ¡So  pájaro  frito! 

Cor  2.a         ¡Pero  mamá! 
Rec.  ¡Qué  mamá,  ni  qué  cuernos!  ¡Que  no  quiero 

noviajos,  y  menos  del  pin,  pan,  pun,  como  ese! 

•      ESCENA  IV 

DICHOS  menos  LUISIN.  UNA  FLORISTA 
FlO  .  (Entregando  una  carta  á  Recareda.)  Para    la  niña. 

Espero  contestación. 

Rec.  (Después  de  leer  )  EstO    eS  Otra    cosa.   (Dando    la 

carta  á  la  niña.)  ¡Así  deben  ser  los  hombres! 
Oile  que  bueno...  (Medio  mutis  la  Florista.)  Pero 
que  CLiidao  no  vayan  á  ser  de  dublé.  (Mutis 

la  Florista.) 

ESCENA  V 

DICHOS   menos   FLORISTA.  DON  LIBORIO,  viejo  tan  elegante  como 
verde,  al  que  rodean  todas  las  muchachas 

LlB.  ¿Un  dulcecito,  monina?  (sacando    de    una    caja 

que  lleva  y  acariciando  según  reparte.) 

Cor  3.a        ¡Gracias! 

LiB.  ¿Otro  dulcecito,  preciosidad? 


—  26  — 

Cor  1.a        ¡Estimando! 

LiB.  [Vaya  otro,  perdición  de  los  hombres. 

Cor.  2.a         ¡Agradecidisma! 

LlB.  (Después  de  repartir  todos  los  dulces,)  Y  mi  mUJer 

y  mis   hijos,  creyéndome  en   las  cuarenta 
horas...  ¡Adiós,  monadasl  (Mutis,) 


ESCENA  VI 

DICHOS  menos  LIBORIO.  REGÚLEZ 

ReG.  (Mostrando  un  libreto,  y  con  mucha  pausa  á  cada  cam- 

bio del  relato)  Pues,  señor...  Esto  era  una  co- 
media... Conque  voy,  y  la  presento,  y  me  di- 
cen que  la  haga  zarzuela...  Conque  voy,  y  la 
hago  zarzuela,  y  saltan  que  no  estaría  mal 
como  saínete...  Conque  hago  el  saínete,  y 
ahora  resulta  que  como  drama  quedaría  re- 
dondita... (Doblando  y  guardándose  el  libro.)  PueS 
señor...  Que  esto  era  una  obra,  y  ya  no  es 
más  que  una  guilladura.  (Mutis.) 

ESCENA  VII       . 

DICHOS  menos  REGÚLEZ.  LA  FIADORA,    que    sale  tras  de    un  se- 
ñorón elegantísimo,  el  cual,  sin  decir    palabra,  y  examinando  con  el 
monóculo  á  las  chicas,  desaparece 

Cor.  3.a       ¡Ahí  va  el  cotorrón!  (En  voz  muy  alta ) 
Fiad.  No.  Pues  lo  que  es  ahora  me  plantifico  en 

el  cuarto  de  esa  madame,  y  cobro.  ¡Vaya  si 
cobrol  ¡Mia  tú  por  donde  ná  menos  que  un 
senador  del  Reino  va  á  apoquinar  el  juego 
de  cama  de  la  niña  y  las  zapatillas  de  orillo 
de  su  señora  madre!  (Mutis.) 


ESCENA    VIII 

DICHOS  menos  FIADORA,  EL  PRIMER  ACTOR^vestldo  para  hacer  el 
Don  Heiiberto  de  «La  alegría..)  GALCERÁN.  Luego  SOCORRITO 

P.  Ac.         (a  Gaicerán.)  A  ver.  Reúne  al  coro.  Que  ven- 
gan todos. 


—  27  — 
Gal.  ¡Coro  general,..!  ¡Coro  general!  (se  reúnen  todos 

en  grupo.) 

P.  Ac.  Estoy  hasta  aquí  de  todos  ustedes.  Esto  no 
es  un  cuerpo  de  coros.  ¡Esto  es  un  cuerpo  de 
guardia  con  mandanga...!  ¡Valiente  Pí/ñao... 
de  rosas  ha  salido! 

Cor.  l.o      Es  que  los  días  de  fiesta  está  uno  reventao. 

P.  Ac.         ¡También  lo  estoy  yo,  y  me  aguanto! 

Cor.  1.a      Es  que... 

P.  Ac.         ¡Silencio!  ¿Y  la  Socorrito? 

Soc.  (Muy  apresurada )  ¡Servidora! 

P.  Ac.         ¡Medio  sueldo  de  multa! 

Soc.  ¡Anda,  Dios!  ¿Y  por  qué? 

P.  Ac  Por  haber  llegado  tarde,  y  por  falta  de  pro- 

piedad. En  la  huerta  de  Murcia  no  lleva  na- 
die medias  negras  lai  zapatos  de  bebé,  (seña- 
lando á  los  pies  de  Socorro.) 

Soc.  Y  cuando  no  se  tiene  otra  cosa,  ¿qué  se  hace? 

P.  Ac.  ¡Pue?,  á  la  linda  calle! 

Soc.  ¡Pues  sí  que  es  una  ganga  esto  de  ser  coris- 

ta...! ¡Y  luego,  pa  dos  cochinas  pesetas! 

P.  Ac.  ¡Menos  conversación,  y  á  lo  que  estamos!  A 
mi  no  me  echan  otra  chillería  los  autores. 
De  modo,  que  ya  lo  sabes.  Medias  blancas  y 
alpargatas. 

Soc.  Está  bien. 

P.  Ac,         Y  te  puedes  retirar  hoy. 

Soc.  Bueno;  pero,  ¿dejarán  pasar  al  público  á 

esa  amiga  mía? 

P.  Ac.         ¿También  hoy?  Pero,  ¿es  que  se  ha  abonado? 

Soc.  No,  señor. 

P.  Ac.  ¡Como  está  entrando  gratis  hace  un  mes. .! 
¿Es  tu  madre,  ó  qué? 

Soc.  Como  si  lo  fuera,  porque  me  ha  criao... 

P.  Ac.  Bueno.  Daré  orden  para  que  la  dejen  pasar; 
pero  que  se  despida.  Las  coristas  no  deben 
tener  madre,  ni  ama  de  cría.  (Mutis.) 


ESCENA  IX 

DICHOS,  GALCERÁN,  BASILIO 

Gal.  ¡Que  voy  á  empezar!  (Mutis.) 

Bas.  ¿Pa  quién  es  este  café  con  media? 

Cor.  2.0      Pa  mí.  Llévalo  al  cuarto. 


-^  28  ^: 

Soc.  Ové:  traéme  á  mí  otro;  pero  con  dos  medras . 

Bas.  ¿D 8  abajo  ó  de  arriba? 

íSoc,  ¡De  abajo,  que  son  las  que  necesito.,  (muüs 

Basilio.) 
Gal.  (saliendo.)  ¡Que  se  ha  empezado,  niñas! 

(El  Coio  se  dirige  á  escena  apresuradamente.) 

Soc.  Vamos  á  ver  si  encuentro  á  la  seña  Restitu- 

ta,  pa  que  se  despida  del  abono.  (Mutis.) 


ESCENA  X 

LA   LÓPEZ,    SU   MAMÁ,    DON   JUSTO 

Mamá  Abrígate  bien  con  la  toquilla,  niña,  que  esa 

puerta  es  un  cuchillo. 

Jlsto  y  este  escenario,  frío  por  demás. 

Mamá  ¡Horrísono,  caballero! 

Justo  ¿Cómo  no  ha  cantado  usted  La  balada? 

López  Porque  se  le  ha  antojadocantarla  á  la  Rosita. 

Mama  ¡Claro!  ¡Tiene  la  sartén  por  el  mango!  Y  ade- 

más, es  por  darle  achares  á  ésta,  ¿sabe  usté? 

Justo  ¿Y  tiene,  efectivamente,  lío  con  el  empre- 

sario? 

LÓPEZ  ¡Ya  lo  creo! 

Mamá  Pero,  como  espere  sacar  algo...  ¡Ya,  ya!  ¡Ni 

quincalla! 

López  Luego  entregaré  á  usted  las  postales  firma- 

das. 

Justo  ¿&'on  vaporosas? 

Mamá  Idealismas. 

López  ¡Ha-^ta  después!    (Oando  la  toquilla   á  su  madre,  y 

saliendo  á  escena.) 

Mamá  ¿Va  usté  á  ir  por  ei  cuaVto? 

Justo  En  seguida.  Ahora  ando  en  acecho... 

Mamá  ¡Ya,  ya!  ¡La  Socorritol  (con  intención.) 

Justo  ¡No  sea  usted  mal  pensada!  (Mutis.) 


Mamá 
Eas. 


ESCENA  XI 

LA    MAMÁ,    BASILIO 

¡Oye,  Basilio!  Traéme  luego  la  de  N.  P.  U.  y 

un  paquete  de  picadura  euave. 

Bueno. 


—  29  — 

Mamá  y  como  en  el  cuarto  sstará  un  señor  vieje- 

cito,  tú  te  haces  el  longui,  y  me  dices  lo  que 
te  debemos  de  toda  la  semana. 

Bas.  ¿Ha  caído  pipi? 

Mama  ¡Anda,  anda,  camastrón!  (muMs  ios  dos.) 


ESCENA  XII 

SOCORRO,    DON    JUSTO 

Soc.  Pero,  ¿dónde  se  habrá  metió  esta  tía  tonta, 

que  no  la  encuentro? 
Justo  Socorrito... 

Soc.  (Desabridamente.)  ¡Otra  vez!  ¿Qué  tripa  Se  le  ha 

roto  á  usté? 
Justo  Mujer  ..  No  se  te  va  á  poder  hablar. 

Soc.  Eso  es  lo  que  hace  falta.  Qae  hable  usté  con 

la  Cibeles;  pero,  conmigo...  ¡ni  agua!  ¡Al  co- 
legio, ai  colegio,  á  seguir  engañando  á  la 

gente! 
Justo  No  seas  rencorosa.  Considera  que  aquello 

fué... 
Soc.  Lo  que  fuera.  No  necesito  saberlo,  y  agüe- 

que   usté,  porque  si   se  entera  ese,    cobra 

UBté.  ¡Vaya,  si  cobra  usté! 
Justo  Pero... 

Soc.  ¡Aire,  aire  pa  el  puerto! 

Justo  Tengo  mucha  paciencia,  y  sé  esperar.  Tú 

cederás.  ¡Adiós! 
Soc.  ¡Vaya  usté  á...!  ¡Jesús,  detente,  lengua!  (¡Este 

tío  sinvergüenza  se  la  va  á  ganar,  por  t  jrpel) 
Justo  ¡Tú  cederás!  (Mutis.) 


ESCENA  XIII 


SOCORRO 

Soc.  No,  y  la  verdá  es  que  soy  la  tonta  de  la 

pandereta,  porque  ahora  resulta  que  me 
acuerdo  la  mar  del  colegio,  de  que  no  tenía 
que  pensar  en  ná,  de  que  hacía  lo  que  me 
daba  la  gana.  En  cambio,  aquí,  como  en  un 
cuartel.  ¡Too  son  órdenes!  Y  luego,  siempre 
lo  mismo.  ¡Ni  tanto  así  de  variación!  ¿Que 


—  30  — 

hay  que  beber?  ¡Pues  al  soplen  todas!  ¡A 
ninguna  corista  le  hace  daño  el  mostagánl 
¡Mia  que  es  raro!  (cantando.)  /J.  dormir  sin  tar- 
danza...! ¡A  dormir...!  Y  ¡pum!  ¡Toas  al  catre! 
¡Ni  una  está  desvela!...  Y  así  un  año,  ¡un  año 
ya!,  cantando  más  que  un  canario,  y  con 
más  música  en  la  cabeza  que  un  organillo... 
¡Ay,  si  no  fufara  porque  las  dos  pesetas  mías 
y  la  del  Fipitaña  hacen  falta  á  la  seña  Res- 
tituta  pa  la  mantención  de  todos...!  ¡Pron- 
tito  iba  yo  á  hacer  más  gorgoritos...!  ¡Como 
no,  morena...!  Y  eso  que  han  dao  en  decir 
que  tengo  una  voz  mu  gruesa  ..  ¡Miá  que  es 
pa  reirse...!  ¡Gruesa  la  voz,  y  yo  casi  como 
un  limpiatubos.  .!  ¡Ja,  ja,  ja! 


ESCENA  XIV 

DICHA,     PIPITAÑ.4 

Pip.  ¡Gracias  á  Dios  que  te  veo  de  reir...I  ¡Cama- 

mará,  que  llevas  unos  días  quepaece  que  te 
has  tragao  una  funeraria! 

Soc.  Y  gracias  á  Dios  que  se  le  ve  el  pelo  á  so 

rial  majestá.  ¿Aonde  te  metes? 

Pip.  Pues  que  hemos  estao  en  el  almacén  sacan- 

do decorao  pa  la  magia,  y  ahora  mismo  lle- 
go. ¡Valiente  faenita,  chica!  Me  duelen  tóos 
los  güesos. 

Soc.  Y  á  mí  el  alma  de  aguantar  á  unos  y  á  otroe. 

¡Esto  no  es  pa  mi! 

Pip.  Anda,  que  no  hay  ná  eterno,  y  entoavía  nos 

tenemos  que  pasear  en  automóvile.  (Muy  cari- 
ñoso.) 

Soc.  ¡Sí,  sí!  Lo  que  es  mientras  tú  estés  poniendo 

decoraciones,  y  yo  cantando  por  dos  pesetas, 
ipa  rato  hay! 

Pip.  Figúrate  que  me  cae  el  gordo. 

Soc.  ¡Sí!  ¡Y  un  jamón! 

Pip.  o  que  tú  sales  triple. 

Soc.  ¿Anís?  (Burlonamcnte.) 

Pip.  Oye.  Pues  yo  oigo  á  tóos  decir  que  tiés  mu- 

cha voz  y  disposición  pa  el  tablao. 

Soc.  Pues  con  too  y  con  eso,  aquí  me  tiés  en 

su  lugar  descanso,  por  no  tener  alpargatas. 


-  3i  — 

Pip.  ¡Puá  ser! 

♦Soc.  Como  te  lo  cuento.  Me  he  quedao  dentro,  y 

me  he  quedáo  sin  medio  sueldo.  De  modo 
que  mañana,  ya  sabes:  una  peseta  menos, 
y  el  piri  de  cuaresma. 

(Gran  vocerío  dentro,  oyéndose  al  Director  dar  órde- 
nes. Gritos  de  mujeres,  confusión,  carreras,  verdadero 
guirigay.) 

Pip.  ¡Reeontra!  ¿Qué  pasa? 


ESCENA  XV 

SOCORRO,  el  PRIMER  ACTOR,  la  MAMÁ,  GALCERÁN,  DON  JUSTO, 
un  ABONADO,  PIPITAÑA,  Artistas,  público,   dependencias,  etc. 

P.  Ac.  (Dentro.)  [Abajo,  abajo  la  cortina! 

Mamá  (saliendo)  ¡Un  médico,  un  médico,  por  Dios! 

Soc.  ¿Pero  qué  pasa? 

Justo  ¡(.'alma,  calma,  señora!  Eso  no  será  nada. 

(sacan  á  la  López  desvanecida  en  una   silla,  y  desapa- 
recen con  ella  la  mayor  parte  de  los  que  esláa   en    es- 
cena.) 
Mamá  ¡Hija  mía!  (Mutis  tras  su  hija.) 

Soc.  ¿Pero  se  pué  saber?... 

Gal.  Que  le  ha  dao  un  patatús  de  pronto,  y  se 

ha  interrumpido  la  representación.  ¡Ha  re- 
ventado á  la  Empresa! 

P.  Ac.  (saliendo  muy  apresurado.)  Habrá   qUC    deVOlver 

el  dinero... 
Abon,  ¿Pero  no  puede  sustituirla  otra? 

P.  Ac.  La  Rosita;  pero  primero  que  se  la  avisa... 

Soc.  Yo...  con  permiso  de  usté...  yo  me  sé  la 

obra,..  (Algo  temerosa.) 
P.  Ac.  ¿Qué?  ¿Que  tú?...  (sorprendido.) 

Soc  Que  me  la  sé  como  el  catón,  y  no  me  da 

cuidao  salir... 

Abon.  ¡Pues  solucionado  el  conflicto! 

P.  Ac.  ¿Pero  tú  te  atreves^.,. 

Soc  ¡Sí,  hombre,  sí!  ¡A  todo! 

P.  Ac.  ¡Ah!  ¡Pues  salgo  á  anunciarlo  inmediata- 

mente!... (Medio  mutis.)  Socorro...  ¿qué? 

Soc.  Socorrito,  y  ná  más...  Pero  oiga  usté:  que  no 

tengo  alpargatas  ni  medias  blancas. 

P.  Ac.  ¡No  importa!  ¡En  la  huerta  de  Murcia  hay 

de  todo!. .  ¡Dios  te  bendiga! 


—  32  — 

Pip.  (¡Pero,  muchacha!...) 

Soc  (, Calla!  ¡O  trunfamos,  ó  al  corral!) 

Gal  ¡Luz  á  la  batería'  (uutis,) 

P.  Ac.  Socorrito...  Hija  mía...  ¿De  veras  te  atreves? 

(volviendo,  suplicante.) 

Soc  ¡Ay,  que  Dios!  ¡Que  sipi,  hombre! 

P.  Ac.  Bueno.  Pues  levantada  la  multa,  ¿sabes?  Y 

esa  mujer  que  te  ha  criado,  que  se  pase  al 
palco  de  la  Empresa.  ¡Ah!  Y  desde  mañana^ 
tienes  una  peseta  más  de  sueldo.  (muUs  muy 

acelerado.) 

Pip.  ¡Vamos  á  ver  ahí  las  mujeres  castizas! 

Soc  ¡Lo  que  te  he  dicho!   ¡O  trunfamos,  ó  al 

corral! 
Pip.  iBendita  seas! 

(Se  va  á  ella  con  los  brazos  abiertos  como  para  abra- 
zarla, y  ella  le  recibe  en  postura  de  baile,  y  desapare- 
cen valsando,  cantando  ella  «¡ya  verás,  ya  verás,  ya 
verásií  mientras  cae  pausadamente  el  telón.) 


INTERMEDIO 

Por  delante  del  telón  de  boca  aparece  el   Primer   Actor,    terminando 
la  orquesta  en  cuanto  indica  que  va  á  hablar 


ESCENA  ÚNICA 

El  PRIMER  ACTOR,  el  APUKTADOR  y   un  ESPECTADOR 
en  butacps 

P.  Ac.  Respetable  público... 

ApüX.  ¡El  sombrero!...  (Gritando.) 

P.  Ac.  Él  sombrero  que  acaba  de  suceder...  (ai  apun- 

tador.) ¿Qué  dices,  hombre?  ¡Pues  sólo  falla 
que  tú  me  hagas  un  lío!... 

Apun.  ¡El  sombrero!... 

P.  Ac.  ¿Otra  vez? 

Apux.  jQue  se  quite  usted  el  sombrero! 

P.  Ac.  ¡Ah,    sí!    (.'■e  lo  quita,  sacándose  también  la  peluca.) 

Ustedes  dispensen.  Está  uno  tan   acostum- 
brado á  oir  á  éste,  que  suelta  uno  todo  la 
que  dice, 
Apun.  ;La  peluca! 


—  8Í'  — 

P.  Ac.  ¿También  me  voy  á  quitar  la  peluca? 

Apün.  ¡Es  que  se  la  ha  (quitado  usted  ya! 

P.  Ac.  [Toma!  Pues  es  verdad!...  Con  permiso...  (se 

la  pone.)  ¡Bueno,  cállate!  Yo  lo  explicaré  solo. 

Esp.  Pero  que  sea  prontito. 

P.  Ac.  Sí,  señor.  En  seguida.  A  la  señorita  López 

la  ha  dado  un  soponcio... 

Es?.  ¡Uf!  ¡Un  soponcio! 

P.  Ac.  Bueno.  Ha  sido  víctima  de  un  accidente... 

¿Es  así?...  ün  accidente  que  la  priva  de 
cantar. 

Esp.  ¡Claro!  Accidentada... 

P.  Ac.  Es  verdad...  Estoy  hecho  un  lío.   ¡La  cos- 

tumbre de  que  le  apunten  á  uno!...  Bien. 
Pues  la  Socorrito,  esa  corista  que  se  pone 
aquí,  en  esta  punta,  se  ha  comprometido  á 
terminar  la  obra,  contando  con  la  benevo- 
lencia de  los  morenos.  La  chica  tiene  gran- 
des disposiciones...  Canta  como  los  ángeles... 

Esp.  ¿Es  usted  su  administrador? 

P.  Ac.  Soy...  el  organista  en  la  obra. 

Esp.  Pues  se  expresa  usted  como  un  nuonaguillo. 

P.  Ac.  ¡Qué  bien   se  habla  desde  ahí!...   ¡Aquí  le 

quisiera  yo  ver  á  usted!  ¿A  que  no  decía 
usted  cuatro  palabras  seguidas?  ¡Suba  usted, 
suba  usted,  y  diga  lo  que  yo  tengo  quedecir! 

Esp.  ¡Toma!  ¡Porque  no  lo  sé! 

P.  Ac.  ¡Toma!  ¡Ni  yo  tampoco!   En  fin:  ya  están 

ustedes  enterados.  La  Socorrito  cantará  la 
obra,  y  los  que  no  estén  conformes,  pueden 
pasar  por  contaduría. 

Esp.  ¿Para  qué?  Lo  mismo  da  que  cante  esa  que 

cante  otra. 

P.  Ac.  ¡Claro!  A  usted  le  da  lo  mismo,   (Como   no 

ha  de  reclamar  el  importe  de  la  butaca!... 

Es?.  No  sé  por  qué. 

P.  Ac.  ¡Porque    entra    usted   de   gcrra   todas   las 

noches! 

Esp.  ¡Oiga  usted! 

P.  Ac.  jVaya  usted  á  la  gloria!  (Mutis.) 

(Hecho  el  mutis,  á  poco  se  oye  por  dentro  el  ruido  de 
las  ovaciones  que  se  supoue  tributan  á  Socorrito,  con 
muchos  bravos,  prolongados  aplausos,  etc.  Después  si- 
gue el  intermedio  mnsical.) 


^  34  - 


CUADRO  TERCERO 

Gabinete  coquetón,  revelando  en  sus  detalles  que  pertenece  á  una 
artista  teatral.  Retratos,  coronas,  algunas  ropas  desordenadamente 
caídas  sobre  los  muebles,  etc.  Piano  en  un  ángulo.  Sobre  una  me- 
sita,  cesta  de  flores.  Puertas  en  el  foro  y  laterales. 


ESCENA  PRIMERA 

ROSAi  ÍA  y  el  PROFESOR.  Después  SOCORRITO.  Los  dos  primeros 
entran  por  el  foro  cuando  esté  totalmente  arriba  el  telón 


Rosalía 

Prof. 

Rosalía 

Soc. 

Rosalía 

Soc 

Prof. 

Soc. 

Prof. 

Rosalía 

Prof. 

Soc. 

Prof. 

Soc. 


Rosalía 
Soc. 


Pase  usted.  Avisaré. 
¿Pero  está  durmiendo  aún? 

|Cá!  ¡No,  señor!  (Desde  primera  izquierda.)  ¿Se. 
nerita? 

(Dentro.)  ¿Qué? 

Que  esperan. 

(Dentro.)  ¿Quién? 

Uno  que  madruga  más  que  tú.  ¡Perezosa! 
(Dentro.)  ¡Ahí  ¿Es  usted?  Salgo  en  seguida. 
Y  qué,   ¿estás   contenta  en  la  casa,   mu- 
chacha? 

Sí,  señor.  La  señorita  es  muy  buena,  muy 
buena. 

Pan  bendito! 

Hola,  vieja  antipático! 

Buenos  días,  marmota! 

Si  hace  la  mar  de  tiempo  que  estoy  levan- 
tada! ¡Hola!  ¡Lindísimas  flores!  ¿Quién  las 
trajo? 

Un  botones,  con  esta  tarjeta. 
(Después  de  leer.)  ¡Pero  cste  tío  sinvergüenza... 
No;  pues  como  á  mí  me  dé  la  basca...  ¡el 
acabóse!...  Retírese,  Rosalía.  (Mutis  foro  ko- 

salia.) 


Prof. 


ESCENA  II 

SOCORRO  y  el  PROFESOR 

¡Siempre  la  misma!  No  te  fijas  en  quién  tie- 
nes delante  cuando  hablas,  y  te  expresas 
como  si  aún  fueses  Socorro  la  coiista. 


—  36  -^ 

Soc.  No  lo  puedo  remediar.  Genio  y  figura...  ¡Me 

acuerdo  mucho,  mucho  de  aquellos  tiempos! 
¡Y  eso  que  pasé  las  moras! 

Prof.  ]Y  dalel...  Eres  incorregible,  (con  cariño.)  ' 

Soc.  Y  usted  un  pelmazo,  que...  [Ay!  ¡Se  me  es- 

capó!... Gracias  á  que  en  esta  casa  se  quiere 
muchísimo  á  mi  maestrito,  y  el  que  le  pon- 
ga mala  cara,  tiene  pena  de  la  vida. 

Prof.  ¡Ya,  ya  estás  buena  zalamera! 

Soc.  ¡Eso  sí  que  no!  A  usted  le  hablo  con  el  co- 

razón en  la  mano,  con  el  agradecimiento  en 
los  labios.  Es  lo  que  siempre  decimos  ese  y 
yo,  A  pesar  de  todos  mis  méritos,  sin  la  pro- 
tección cariñosa  y  desinteresada  de  usted... 
•  /chanfla 

Prof.  ¿Qué?  (sin  entendería.) 

Soc.  ¡Que  pa  el  gato! 

Prof.  Y  á  propósito  de  ese...  ¡de  tu  futuro  rey  y 

señor!  ¿No  ha  vuelto  de  la  cacería? 

Soc.  Llesará  esta  tarde,  según  telegrama  que  he 

recibido. 

Prof.  Vamos  á  otra  cosa.  ¿Has  estudiado?  ¿A  que 

no? 

Soc.  ¿A.  que  sí?  He  estudiado,  y,  como  dicen  los 

chicos,  «ya  me  la  sé». 

Prof.  Ya  lo  veremos  en  el  ensayo. 

Soc.  Lo  que  es  hoy,  no. 

Prof.  ¿Qué? 

Soc.  Que  hoy  perdone  usted  por  Dios. 

Prof.  ¡Y  ayer  también! 

Soc.  ¡Y  mañana,  y  pasado,  y  todo  el  mes  si  me 

da  la  real  gana!  (con  autoridad  festiva.) 

Prof.  ¡Claro!  ¡Y  viva  la  libertad! 

Soc.  ¡Y  viva  la  Pepa,  y  viva  mi  maestrito  que  es 

muy  bueno,   muy  bueno,  y  me   autoriza! 

¿Verdad  que  sí?  ¿Verdad  que  este  viejecito 

da  permiso  á  esta  loca?  (Acariciándole  mimosa.) 

¡Venga,  venga  una  risita! 
Prof.  ¡Abusa,  abusa  de  que  se  te  quiere!...  Pero 

veamos  si  es  verdad  que  has  estudiado  ó  no. 

(sentándose  ante  el  piano.)  Ya  Sabes  la  situaciÓn. 

El  coro  te  pide  que  cantes  algo  que  le  elec- 
trice. 
Soc.  Y  yo  contesto:  ¡Voilá  La  farruca  eléctrica! 


-T.  33  — , 


nSiásica 

Soc.  La  eletrisiá  ,.  ' 

con  tus  ojos  negros 
tiene  comunicasión, 
jay!  ¡ayl  ¡ay!  |ay! 
y  mirarte  es  como  una  explosión. 
Si  toca  tu  mano 
mi  cuerpo  gitano 
empiesa  á  echar  chispas 
igual  que  un  fogón. 

¡Farruquiño  de  mi  corasón! 

Y  bailo  la  farruca 

porí^ue  estoy  siempre  en  tensión. 

¡Farruquiño  de  mi  corasón! 


La  eletrisiá 

en  este  pechito 

arma  una  revolusión, 

¡ay!  ¡ay!  ¡ay'  ¡ay! 
porque  ya  me  han  hecho  instalasión. 

Por  ser  imposible 

no  quiero  el  flexible, 

ni  quiero  el  enchufe 

de  tu  instalasión. 
¡Farruquiño  de  mi  corasón! 
Si  quitaB  el  contarlo 
pasa  una  esaburisión, 
que  ya  tengo  ensendío  el  carbón. 
Y  bailo  la  farruca 
por  tu  elértrica  jasión. 
¡Farruquiño  de  mi  corasón! 

(La  actriz  procurará  dar  al  baile  la  exageración  nece- 
saria en  los  movimientos,  para  que  parezca  que  efec- 
tivamente sufre  los  efectos  de  una  corriente  eléctrica.) 

Hablado 

Prof.  No  estará  demás  acentuar  algo  la  intención. 

¡El  público  es  insaciable! 
Soc.  Todo  lo  que  usted  quiera;   pero  mañana^ 

¿eh? 
Prof.  ¡Ya,  ya!...  Vaya.  Me  voy,  que  no  todos  te- 

nemos  que  hacer  tan  poco  como  tú. 


—  37  — 


ESCENA  III 


I 


TlOSALÍA 

Soc. 

Rosalía 

Soc. 

Prof. 

Soc. 

Rosalía 

^PROF.  . 

••Soc. 
Rosalía 

Soc. 


Prof. 
Soc. 
Prof. 
Soc. 


Rom. 

Soc. 
Rom. 


Soc. 
Rom. 


Soc. 
Rom. 


DlCnOS,      ROSALÍA 

¡Señorita! 

¿Qué? 

Él  pobre  hombre  de^ayer. 

¡Qué  pesadez! 

Algún  sablazo.  iSeguraraente! 

Dile  que  estoy  ocupada. 

¡Si  ya  se  lo  he  dichol  Pero  insiste  en  que  la 

señorita  se  alegrará  mucho  de  verle. 

Lo  dicho.  ] Estocada  segura! 

¿Te  ha  dado  su  nombre? 

El  señor  Romualdo,  que  fué  jardinero  en  el 

colegio  de  la  señorita. 

¡Ah,  sí!  ¡Un  vie_iecito  muy  cariñoso!...  ¡Que 

pase,  que  pase  inmediatamente!  (muUs  ro 

salía.) 

Vaya.  Hasta  la  noche.  (Dirigiéndose  ai  foro.) 

Salga  usted  por  aquí.  (Primera  derecha.) 

¡Adiós!  (Mutis.) 
¡Adiós,  simpaticón! 


ESCENA  IV 

SOCORRO  y  ROMUALDO 

¿Hay  premiso?  (Dentro.) 

Adelante,   (saliendo  á  su  encuentro.) 

(pftrándose  en  el  foro.)  ¿Pero  es  verdá  lo  que 

me  ha  dicho  la  chica?  ¿Conque  ya  no  se 

acordaba  la  señorita  de  este  probé? 

¡Romualdo! 

¡El  mesmo  que  viste  y  calza!   ¡Rediez,  que 

está  usté  más  guapa  que  en  el  colegio!  ¡Pero 

que  más  guapa!  (Avanzando  ambos.) 

Siéntese,  siéntese  el  abuelito  querido  y  se- 
pamos qué  le  trae  por  aquí. 
Pus  verá  usté...  (ai  sentarse.)  Con  premiso... 
Que  fui  antinoche  al  treato,  (que  me  metió 
de  balde  un  acomodaor  vecino  mío)  y  yo  de 
que  veo  salir  á  la  señorita.,  ¡recontra,  si  es 


—  as- 
ía colegiala!...  Conque  pregunté  aonde  vivía 
ustéj  me  lo  dijieron  y  aquí  estoy. 

Soc.  ¿Usted  en  el  teatro?  Pues,  ¿y  el  colegio? 

Rom.  ¡Anda,   anda!    Se    enteraron  aquella  tía  y 

aquel  tío  de  que  yo  la  había  ayudao  á  usté 
en  los  amoríos,  y  me  plantaron  en  la  calle. 

Soc.  ¡Canallas!...  ¿Y  de  eso  hace  mucho? 

Rom.  a  los  pocos  días  de  lo  de  usté.  ¡Y  lo  que  he 

estao  pasando,  señorita!  Trebajando  de  ar- 
bañil,  y  echando  piedras  en  las  carreteras... 
¡Miste,  miste  qué  manos! 

Soc.  ¡Pobre! 

Rom.  ¡Toma!   Y  gracias  que  había   eso,   porque 

ahora,  ná.  Conque  de  que  la  vide  á  usté  con 
tanto  ringorrango,  y  de  que  me  dijieron  que 
tenía  usté  mucha  mano  con  los  presonajes, 
dije,  digo: — Pues  yo  voy  á  verla,  por  si  me 
pué  favorecer. 

Soc.  y  ha  hecho  usted  muy  bien.  Ya  veré  yo, 

ya  veré  yo...  Por  lo  pronto  aquí  se  queda 
usted  á  mi  servicio,  y  Dios  dirá. 

Rom.  jQue  El  la  bendiga  á  usté,  señorita!  ¡Este 

probé  viejo,  solico  en  el  mundo,  ya  no  está 
solico!   ¡Déjeme,  déjeme  usté  que  la  bese  la 

mano!  (Queriendo  arrodillarse.) 

Soc.  Vamos,  vamos:  que  no  es  para  tanto. 

Rom.  (Después  de  una  pausa.)  ¿Y  aquel...  aquel...  ¡re- 

contra  que  no  me  acuerdo  de  cómo  le  lla- 
maba usté!...  ¡Ah,  sí!  ¡El  gachóli,  el  gachólií 

Soc.  Gran  alegría  le  causará  ver  á  usted. 

Rom.  Pero,  ¿está  aquí? 

Soc.  Sí,  señor. 

Rom.  (Vacilando.)  ¿Y  arrejuntaos  pa  toa  la  vida? 

Soc.  Aun  no;  pero  será  pronto. 

Rom.  ¡Me  alegro! 

Soc.  ¡Qué  diferencia  de  tiempos!  ¿Eh,  Romualdo? 

Rom.  Pues,  miste.  Esto  me  lo  tenía  yo  tragao. 

Soc.  Y  á  propósito:  ¿A  que  no  sabe  usted  quién 

me  persigue  por  todas  partes,  sin  dejarme 
ni  á  sol  ni  á  sombra? 

Rom.  ¡Qué  sé  yol 

Soc.  ¡El  tío  aquel!...  ¡El  del  colegio!...  ¡El  presi- 

dente! • 

Rom.  ¡Anda^  salero!  ¿Y  pa  qué? 

Soc.  (Significativamente.)   Puede  usted  figurárselo. 

(Levantándose.) 


—  39  — 

KoM.  ¡Ah!  ¡Ya,  ya!...  ¡Miste  el  tío  reladrón,  con  su 

capa  de  santo!...  ¡No  le  haga  usté  caso,  se- 
ñorita! (Levantándose.) 

Soc.  Deje  usted,  deje  usted  que  asome  la  gaita 

por  esa  puerta. 

Rom.  ¡Ahí  Pero,  ¿es  vesita? 

Soc.  No.  ¡Es  un  frescales!   Pero  voy  á  tener  el 

gusto  de  soltarle  todos,  toditos  los  dichos 
que  á  usted  le  hacían  tanta  gracia.  Vamos, 
que...  ¡el  desmiguen! 

Rom.  ¡Mu  bien,  mu  bien! 


ESCENA  V 


DICHOS  y  ROSALÍA 


Rosalía 
Soc. 
Rosalía 
Süc. 


Rom. 


Señorita... 

¿Qué? 

El  señor  Ladrón  de  Guevara. 

¿Lo  ve  usted?  Ya  está  ahí.   ¡Que  pase!  (Mutis 

Rosalía.)  Y  usted  va  á  pasar  a  ese  gabinete, 

hasta  que  yo  le  llame,  si  le  llamo. 

Prefetamente.  Y  si  hago  falta...  (muUs  primera 

izquierda.) 


ESCENA  VI 


SOCORRO   y   DON  JUSTO 


Soc.  Socorrito,  hija  mía.  Acuérdate  de  tus  bue- 

nos tiempos.  Muleta,  mucha  muleta,  que 
te  las  vas  á  ver  con  un  miura  con  toda  la  bar- 
ba! (En  actitud  especiante.) 

JnsTO  ¿Permite  la  entrada  en  su  santuario  la  artis- 

ta mimada  por  los  públicos?  (Desde  el  foro.) 

Soc.  La  artista  no  está  en  casa;  pero  ha  dejado  en 

su  lugar  á  Socorrito,  y  Socorrito  da  permi- 
so. ¡Adelante! 

Justo  Ante  todo,  mil  perdones  por  mi  atrevimien- 

to. Esas  flores  significan  mi  admiración  por 
la  artista,  y  mi  llegada  á  esta  casa... 

Soc.  ¿También  admiración  por  la  artista? 

Justo  Algo  por  ella.  Mucho  por  la  mujer. 

Soc.  ¡Ole!  ¡Y  viva  el  desahogo!...  ¡Usted  lo  tiene! 


.r-  ¡40  — 

:  (ai  ver  ^que   don  Justo  se  sienta  sin  que  nadie  le  in- 

vite.) 

Justo  Lo  que  quieras;  perojesta  situación  es  insos- 

tenible, y  se  hace  preciso  hablar  clara- 
mente, 

Soc.  Sí,  señor.  Muy  claramente,  para  que  de  una 

vez  acabemos,  que  ya  es  hora. 

Justo  Perfectamente.  Vamos,  pues,  directamente 

á  nuestro  asunto. 

Soc.  Al  nuestro,  no.  Será  al  de  usted. 

Justo  Te  ofrecí  hace  ya  tiempo  mi  protección... 

Soc.  Y  tuve  el  alto  honor  de  significar  á  usted  lo 

que  vuelvo  á  repetirle;  que  me  inspira  us- 
ted una  profundísima  antipatía. 

Justo  Cierto.  Y  sin  hacer  caso  continué  dedicán- 

dote mis  atenciones,  hasta  que  llegaste  á  ser 
lo  que  hoy  eres. 

Soc.  ¡Gracias  sean  dadas  á  Dios! 

Justo  JSo  todas.  Algunas  á  mí. 

Soc.  No.  Sólo  á  Dios  que  jamás  olvida  á  los  bue- 

nos. Digo.  Por  lo  menos  eso  oí  mil  veces  en 
aquella  Santa  casa,  y  usted  lo  pronunciaba 
á  cada  momento. 

Justo  Proseguí  insinuándome;  pero   vista  tu  ter- 

quedad, sólo  me  restaba  dar  este  paso.  He 
venido,  pues,  decidido  á  todo.  ¿Lo  entien- 
des? ¡A  todo! 

Soc.  (Recalcando  la  pregunta.)  ¿Qué  CS...  todo? 

Justo  Que  cambies  de  opinión,  ¡y  que  llegue  cuan- 

to antes  el  día  más  feliz  de  mi  vidal  (lo  últi- 
mo muy  cariñoso,  y  anhelante.) 

Soc  .  Qne  pa  mí  que  viene  como  casi  todos  los 

trenes,  ¡retrasado! 

•Justo  Considera,  Socorrito... 

Scc.  ¡No  considero  nadal  (se  levantan.)   Y  óigame 

usted  bien,  que  lo  que  voy  á  decir  tiene 
miga,  y  viene  á  ser  como  si  dijéramos  el 
se  acabó  el  carbón.  No  he  rechazado  sus  ofre- 
cimientos y  pretensiones  sólo  por  razón  de 
repugnancia,  de  profundísimo  odio.  Las  re- 
chazo también  para  probar  á  usted  (y  á 
cuantos  como  usted  piensan),  que  en  el  tea- 
tro, como  en  todas  partes,  la  mujer  es  bue- 
na y  es  honrada  si  se  propone  serlo,  y  se 
muere  de  hambre  antes  que  aceptar  propo- 
siciones infames.  Yó  soy  de  esas  mujeres. 


— gil  — 

Yo  quiero  con  toda  mi  alma  á  ua  solo 
hombre,  que  no  es  usted...  y  no  hablemos 
más,  no  hablemos  más,  porque  de  la  mis- 
ma manera  que  maltrato  á  estas  pobres  flo- 
res, (Arrojándolas  violentamente  al  suelo  y  pisoteán- 
dolas.) de  esa  misma  manera  puedo  tratar  al 
que  me  las  envió.  He  terminado. 
Justo  ¿Me  declaras,  pues,  la  guerra? 

SOC.  ¡A  muertel  (Enérgica.) 

Justo  Perfectamente.  Pues  óyeme  á  tu  vez  con 

atención.  Cariño  y  respeto  quedan  trocados 
en  odio  y  venganza  desde  ahora. 

Soc.  Quedo  enterada,  y  basta.  Hágame  usted  el 

favor  de  librarme  de   su  presencia.  (Toca  ei 

timbre.) 

Justo  (insolentemente.)   Figúrate   por  un  momento 

que  me  resisto  á  obedecerte.. 

Soc.  (a  Rosalía,  que   se  presenta.)  Acompañe   USted  á 

este  cabdUero. 
Justo  Reflexiona  aún... 

Soc.  (indicándole  la  salida.)  Rosalía  está  esperando. 

Justo  (Descompuesto.)  ¡Quc  espere! 

Soc.  ¡No  me  obligue  usted  á  la  violencia,  y  salga 

deaquíl 
Justo  ¡Ea!  ¡Pues  no  salgol 


ESCENA  VII 


I 


DICHOS  y  ROMUALDO 

Rom.  ¡Ea!  ¡Pues  sí  sale  usté!  Y  que  va  á  ser  ahora 

mesmo,  ó  lo  saco  yo  á  usté  por  los  cabezo- 
nes. 

Soc.  ¡Romualdo!...  (indica   á  Rosalía  que  se  retire.  Esta 

desaparece.) 

Rom.  ¡Usté  dispense,   señorita!  No  me   he   podio 

contener. 
Justo  ¡Excelente  efecto  teatral! 

Soc.  Nada   de  teatro.   ¡ Realidad  completa!  Dos 

personas  honradas  que  se  defienden  de  otra 

que  de  todo  tiene  menos  honradez. 
Rom.  ¡Pero  que  ni  pizca! 

Justo  Que  me  increpes  tú...  pase;  pero  que  este 

pobre  hombre... 


— .  Í2  — 


Rom. 
Soc. 
Rom. 
Soc. 
Rom. 


Soc. 


¿Qué?...  ¿Me  deja  usté  hablar,  señorita? 
¿Es  capricho? 
Es  nesecidá. 
Bueno;  pero  poquito. 

Este  probé  hombre  uo  hace  malas  aciones 
á  nadie.  Este  probé  hombre  ha  pasao  amar- 
guras y  nesecidaes  por  usté.  Este  probé 
hombre  cree  en  Dios,  y  no  es  hipróquita 
como  usté.  Este  probé  hombre,  pa  rematar, 
es...  es...  ¡Lo  que  sea!  ¡He  dichol 
(Estrechándole  la  mano.)  ¡Chócate,  que  has  estao 
qüeno! 


ESCENA  Vm 

DICHOS;  ROSALÍA,  después  PIPITAÑA 


Rosalía  Señorita... 

Soc.  ¿Qué? 

Rosalía  El  señorito  Pepe. 

Soc.  ; A  tiempo  llega! 

(Rosalía  deja  paso  para  que  entre  Pipitaña,  en  traje  de 
cazador,  y  luego  se  retira  ) 
PiP.  (Desde  la  puerta.)  ¿Se  puede? 

Soc.  ¡Pasa,  pasa,  perdido! 

(Se  abrazan,  y  entre  tanto  Romualdo  se  ha  retirado 
hacia  la  izquierda,  y  Justo  hacia  la  derecha,  completa- 
mente atemorizado. ; 

Justo  (¡Maldita  oportunidad!) 

Rom  .  ¿Me  quié  usté  dar  á  mí  otro  abrazo? 

Pip.  ¿Eh?  ¿Quién  es  este  hombre? 

Soc.  Fíjate  bien  en  él. 

Pip.  Me  parece  recordar... 

Soc.  i tCl  jardinero  del  colegio! 

PiP.  ;Y  es  verdad!  (Abrazándole.) 

Rom.  ¡Apriete  usté,  reconcho! 

Soc.  Ahora,  otra  presentación,  (a  Justo.)  Caballe- 

ro ..  El  Pipitaña,  mi  f  aturo  esposo. 

Rom.  (¡Se  ha  quedao  paralítico!) 

Soc.  (a  Pepe.)  Don  Justo  Ladrón  de  Guevara,  más 

lo  primero  que  lo  segundo. 

Pip.  ¡Cómo!  ¿Aquí  este    hombre?   (Avanzando  ame- 

nazador.) 

Soc.  ¡Quieto!  Ha  venido  llamado  por  mí.  , 


> 


—  48  ^ 

Pip.  ¿Por  tí?  ¿Y  para  qué? 

Soc.  f^ara  reproducir  fielmente  una  escena  cul- 

minante. 

Justo  ¡Acabemos! 

Soc.  En  seguida.   Por  una  causa  inocente,  sin 

compasión  alguna,  usted  arrojó  de  una  San- 
ta  casa  á  tres  seres  inofensivos.  Pues  bien; 
estos  tres  seres,  por  causa  más  justísima, 
van  á  arrojar  de  esta  casa,  tan  santa  como 
aquella,  á  un  ser  despreciable  y  sin  con- 
ciencia. ¡Esa  es  la  puerta,  señor  mío! 
(Don  Justo  recoge  bastón  y  sombrero,  que  al  entrar 
dejó  sobre  una  silla,  y  aún  intenta  rebelarse.) 

Justo  Pero... 

Pip.  ¡Basta  con  lo  dichol  ¡Largo! 

Rom.  ¡Ala,  ala! 

(ai  fin,  violentamente,  sale  por  el  foro  don  Justo,  y 
tras  él  RomualdOj  aprovechando  un  momento  en  que 
no  le  ven,  y  llevándose  la  «corbellle.») 


ESCENA  IX 

SOCORRO  y  PIPITAÑA.  Después  ROSALÍA 

Soc.  ¡Ay!  ¡Gracias  á  Dios!  ¡Por  fin  me  veo  libre 

de  ese  castigo! 

Pip.  Pero...  ¿podré  saber?... 

Soc.  (Tocando  el  timbre.)  Luego,  lucgo.  De  Sobre- 

mesa te  contaré  todo. 

Rosalía        ¿Qué  mandan  los  señores? 

Soc.  La  comida. 

Rosalía       ¿Cuántos  cubiertos? 

Soc .  Tres.  Para  El  Pipitaña,  para  La  Socorrito,  y 

pa  este  socio  (Buscando  á  Romualdo,  que  en  tal  mo- 
mento entra  sourieme,  cruzándose  con  Kosalía  que  des- 
aparece.) 


Rom. 
Soc. 
Rom. 


ESCENA  ULTIMA 

SOCORRO,   PIPITAÑA  y  ROMUALDO 

¡Aviao  va! 

¿Pero  dónde  ha  ido  usted? 

A  darle  la  despedía  á  ese  tío. 


Pip.  ¿Cómo?  ¿Qué/  ha  hecho  -usted?  (con  curiosi- 

dad.) 

Rom.  Pus  que  dende  lo  alto  de  la  escalera  le  he 

encasquetao  el  canasto  de  las  ñores. 

Soc,  ¿Si? 

Rom.  ¡Hasta  el   pescuezo  se  le  ha  metió  la  chis- 

tera 1 

Soc.  ¡Bien  hechol  Y  ahora,  á  la  mesa. 

(ai  público.) 

Y  puesto  que  hoy  sus  favores    . 
más  que  nunca  necesito, 
.  ¿quieren  ustedes,  señores, 

comer  con  La  Sücorrito? 

(Telón.) 


FIN  DE  LA  ZARZUELA 


OBRAS  DE  ÁNGEL  CAAMANO 


Entre  militares,  comedia  en  un  acto  y  en  verso. 

Barrabás,  revista  cómico-lírico-política,  en  un  acto, 
dividido  en  cinco  cuadros,  verso  (i\ 

Chicoleonte,  monólogo-parodia,  en  un  acto,  dividido 
en  tres  cuadros,  prosa  y  verso  (2). 

Heraldo  de  Madrid,  revista  periodística-cómico-lírico- 
taurina,  en  un  acto,  dividido  en  tres  cuadros,  verso   (2). 

La  cena  de  nochebuena  6  á  caza  del  gordo,  casi  sainete 
en  un  acto  prosa  y  verso  (2). 

Huelga  de  cómicos,  humorada  en  un  acto,  dividido  en 
tres  cuadros,  prosa  y  verso. 

La  nieta  de  su  abuelo,  juguete  cómico-lírico,  en  un  acto 
y  en  verso  (3). 

La  marusiña,  zarzuela  en  un  acto,  y  en  verso  (4). 

Tiempo  revuelto,  casi-revista  de  casi-actualidad,  en  un 
acto  y  tres  cuadros,  en  verso  y  prosa  (5). 

La  osa  mayor,  sainete  en  un  acto,  dividido  en  tres  cua- 
dros, en  verso  (6). 

El  chico  de  la  'portera,  juguete  cómico- lírico,  en  un 
acto,  en  verso  y  prosa  (3). 

Postales  madrileñas,  cosmorama  cómico-lírico  político 
popular  en  un  acto,  dividido  en  cinco  cuadros,  en  verso 
y  prosa  (7). 

El  cocherito,  zarzuela  cómica  en  un  acto,  en  verso  y 
prosa  (8). 

Las  chismosas,  boceto  de  sainete  en  un  acto,  en  verso 
y  prosa  (9). 

El  lazo  verde,  juguete  cómico  en  un  acto  y  en  pro- 
sa (10). 


Toros  en  Aranjuez,  zarzuela  cómica-taurina  en  un  acto, 
dividido  en  tres  cuadros,  en  prosa  (i  i). 

Pascualica,  comedia  baturra  en  un  acto  y  en  prosa. 

El  alegre  manchego,  viaje  cómico-lírico-bailable-cine- 
matográfico, original  y  en  prosa,  en  cinco  cuadros,  dos 
intermedios  y  un  apoteosis  (12). 

Vencedores  y  vencidos^  comedia  en  un  acto  y  en  prosa. 

\P arroquiana\...  \Rabanitos\...  saínete  madrileño  en  un 
acto  y  en  verso. 

El  monte  de  la  belleza,  fantasía  cómico-lírica-bailable 
en  un  acto,  dividido  en  seis  cuadros,  prosa  y  verso  (13). 

El  nacimiento,  humorada  de  Navidad,  en  un  acto,  di- 
vidido en  tres  cuadros. 

Jja  Socorrito,  zarzuela  en  un  acto,  dividido  en  tres 
cuadros  y  un  intermedio  (5). 


(1)  En  colaboración  con  D.  José  Pérez  y  Fernández,  múaica  de 
D  Tomás  Calamita. 

(2)  Música  de  D.  Rafael  Calleja. 

(3)  ídem  de  D.  Ángel  Enbio. 

(4)  ídem  de  D.  Arturo  Lapuerta. 

(5)  ídem  de  D.  Rafael  Calleja  y  D.  Tomás  Barrera. 

(6)  ídem  de  D.  Manuel  Chalons. 

(7)  En  colaboración  con  D.  Isidro  Soler,  música  de  D.  A.  Pérez 
Serian  o 

(8)  Música  de  D.  José  F.  Pacbeco. 

(9)  En  colaboración  con  D.  Isidro  Soler,  música  de  D.   Joaquín 
Valverde  y  D.  Rafael  Calleja. 

CIO)    En  colaboración  con  D.  Isidro  Soler. 

(11)  ídem  id.,  música  de  D.  Manuel  Nieto. 

(12)  ídem  id.  y  D.  A.  Custodio,  música  de  D.  José  M.*  Alvira  y 
D.  Lorenzo  Andreu. 

(13)  ídem  con  D.  A.  Custodio,  música  de  Emilio  López  del  Toro  y 
Eduardo  Fuentes. 


Precio:  SN(E  peseta^